
He visto mucha miseria humana. De muy joven, viajé por Asia y vi la agonía y la miseria de tierras superpobladas y subdesarrolladas. He visto gente desentenderse y pasar por encima de hombres moribundos en las calles. He visto niños que eran poco menos que huesos y harapos. Y en medio de esta pobreza y degradación encontré lugares sagrados en donde la sabiduría era enorme, pero donde se ocultaba cuidadosamente y se daba a conocer sólo como superstición. Posteriormente, en las universidades occidentales, he visto al hombre obsesionado con la materialidad y con toda su astucia; le he visto esconder la poca sabiduría que realmente tenía en aulas siniestras, y hacerla inaccesible para el hombre común y menos privilegiado. He pasado a través de una guerra terrible y no he visto una sola palabra de decencia o humanidad que mitigara su terror y su dolor.
No he llevado una vida enclaustrada, y desprecio al hombre sabio que no ha vivido y al erudito que no comparte.
Ha habido muchos hombres más sabios que yo, pero pocos han recorrido tanto camino.
He visto la vida de arriba abajo y de abajo arriba. Sé cómo se ve en ambos sentidos. Y sé que hay sabiduría y que hay esperanza.
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