
Al hombre común le gusta ser feliz y estar bien. Le gusta ser capaz de entender las cosas y sabe que su ruta hacia la libertad se encuentra por medio del conocimiento.
Por consiguiente, he tenido a la humanidad llamando a mi puerta desde 1950. No ha importado dónde o en qué remoto lugar viviera, desde que publiqué por primera vez un libro sobre el tema, mi vida ya no ha sido mía.
Me gusta ayudar a los demás, y considero como mi mayor placer en la vida ver a alguien liberarse de las sombras que oscurecen sus días.
Estas sombras le parecen tan densas y lo oprimen de tal manera que cuando descubre que son sombras y que puede ver a través de ellas, cruzarlas y estar de nuevo al sol, se siente enormemente dichoso. Y me temo que yo me siento tan dichoso como él.
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