
El primer principio de mi propia filosofía es que la sabiduría está dirigida a todo aquel que desee alcanzarla. Es la sirviente tanto del plebeyo como del rey, y nunca se la debe contemplar con un temor reverente.
Los eruditos egoístas rara vez perdonan a alguien que trate de derribar los muros del misterio y dejar que entre la gente. El moderno filósofo americano Will Durant fue relegado al montón de los desperdicios por sus colegas eruditos cuando escribió un libro popular sobre el tema, El resumen de la filosofía. Así es como los insultos se cruzan en el camino de cualquiera que intente hacer llegar la sabiduría a la gente por encima de las objeciones del “círculo íntimo”.
El segundo principio de mi propia filosofía es que esta se pueda aplicar.
El conocimiento encerrado en libros enmohecidos es de poca utilidad para nadie, por lo tanto, carece de valor a menos que pueda usarse.
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